POR DESINFORMACIÓN Y DESCONFIANZA UNA GRAN PARTE DE LA POBLACIÓN NO SE VACUNARÁ VS EL COVID-19

31 Julio, 2020
8:41 pm

Con un poco de suerte, una de las pocas vacunas prometedoras contra el COVID-19 que actualmente se encuentran en ensayos en humanos recibirá la aprobación regulatoria, tal vez incluso a tiempo para el invierno del hemisferio norte. Sin embargo, una cosa que preocupa a los funcionarios de salud pública es lo que sucederá si un gran número de personas no quiere vacunarse.

Las vacunas salvan millones de vidas cada año, y sin embargo, siempre ha habido un pequeño, pero acérrimo contingente de movimientos antivacunas que rechaza la ciencia o cree en teorías de conspiración sobre las vacunas.

Desafortunadamente, su número está aumentando durante la crisis actual. Las autoridades nacionales de salud estadounidenses, junto con la Organización Mundial de la Salud, luchan en un inútil tire y afloje mientras intentan acabar con las teorías de conspiración y la desinformación.

Ir en contra de los movimientos antivacunas es un trabajo importante, pero es solo una parte de la situación. El mayor peligro es una indecisión más generalizada: ¿qué ocurriría si personas racionales que se vacunan contra la influenza y vacunan a sus hijos, y desean ser parte de la solución a esta pandemia, tienen preocupaciones que las autoridades de salud pública y los Gobiernos no abordan?

La Organización Mundial de la Salud ubica la indecisión sobre las vacunas como una de las 10 principales amenazas a la salud mundial. Una de cada seis personas que respondieron en junio a una encuesta de YouGov en el Reino Unido dijo que definitivamente o probablemente no se vacunarían. Una encuesta de CNN realizada en mayo mostró que un tercio de los estadounidenses no recurriría a una vacuna, si existiese una. Al igual que todo en Estados Unidos, las opiniones sobre las vacunas varían según los partidos: 81 por ciento de los demócratas y solo 51 por ciento de los republicanos dijeron estar dispuestos a vacunarse.

Parte del escepticismo refleja desconfianza hacia los grandes laboratorios farmacéuticos, otra parte refleja desconfianza hacia el Gobierno y otra parte se debe, simplemente, a que ha pasado mucho tiempo desde cuando vivíamos con temor a la gran cantidad de enfermedades contra las cuales ahora protegen las vacunas.

El Dr. Anthony Fauci, el principal experto en enfermedades infecciosas de Estados Unidos, ha dicho que una vacuna que sea efectiva en 70 a 75 por ciento, pero a la que solo dos tercios de la población pueda acceder, no crearía la inmunidad colectiva necesaria para que las economías vuelvan a funcionar. Por lo tanto, los Gobiernos dependen mucho no solo de asegurar un programa de inmunización, sino también de garantizar que la población forme parte de él.

Sin embargo, si una vacuna promete demasiado, si los riesgos no se explican claramente o si hay problemas con la entrega, la confianza en las autoridades, las instituciones e incluso los expertos podría verse aún más perjudicada, con consecuencias de gran alcance para la salud pública y la economía. Es difícil imaginar otro momento en el que haya tanto en juego no solo en la ciencia, sino en cómo esta se comunica.

Un obstáculo para las autoridades de la salud es convencer a las personas de que una vacuna producida a la velocidad del rayo no es menos segura que una que normalmente llevaría más de una década desarrollar. Tendrán que ser claros sobre dónde radica la incertidumbre. Por ejemplo, es imposible saber, incluso a partir de ensayos clínicos grandes, cómo afectarán las vacunas a personas con una serie de distintas condiciones; si las vacunas tendrán efectos adversos a largo plazo; o cuál podría ser el impacto de dosis repetidas si, como muchos esperan, se requieren vacunas de refuerzo.

EL FINANCIERO

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